Dialogan sobre arte y creación en el FIUC

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  • Azucena Manjarrez, Lázaro Fernando y Alejandro Mojica reflexionan sobre la profesionalización del arte en Sinaloa.

Como parte de las actividades del XXX Festival Internacional Universitario de la Cultura, se llevó a cabo un diálogo sobre arte y creación en el Auditorio de la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

El encuentro, realizado en el Auditorio de la Unidad Académica de Artes, contó con la participación del músico y artista visual Alejandro Mojica y del actor y director Lázaro Fernando, con la historiadora Azucena Manjarrez como moderadora.

Durante la actividad, los participantes compartieron sus perspectivas en torno a los procesos creativos desde sus respectivas disciplinas, así como las formas en que el arte se vincula con la experiencia individual y colectiva.

Lázaro Fernando recordó que, durante el gobierno de Gabriel Leyva Velázquez, se impulsó con visión y sensibilidad uno de los periodos más relevantes para la cultura y las artes en Sinaloa.

Uno de sus legados más emblemáticos fue la creación del Centro Cívico Constitución, que se consolidó como un referente cultural en el noroeste del país.

“El espacio reunía una combinación inusual y ambiciosa de infraestructura: un museo regional, una biblioteca, un zoológico, canchas deportivas, una alberca olímpica y una concha acústica, que funcionó como escenario principal para la presentación de espectáculos artísticos”, recordó.

En esta concha acústica se presentaron numerosos artistas y agrupaciones. Entre los eventos memorables destaca la puesta en escena de El Rey Lear, de William Shakespeare, protagonizada por Ignacio López Tarso.

Otro de los aportes significativos del periodo fue la creación de la Orquesta Sinfónica del Noroeste, un ambicioso proyecto que, ante la escasez de músicos locales con formación en lectura musical, atrajo a instrumentistas y maestros de Jalisco, Michoacán, Zacatecas, Nayarit y Oaxaca.

Después vendría la creación de Difocur y la apertura de carreras de formación en el arte tanto en esta institución, como en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Alejandro Mojica añadió que en aquellos tiempos no existía una profesionalización formal en las artes escénicas ni en otras disciplinas culturales.

Las personas que participaban en el teatro lo hacían por un interés personal, por pasión, pero sin ningún estímulo institucional ni respaldo.

Los grupos teatrales se formaban y deshacían continuamente, pues no había condiciones para sostenerlos: tras montar una obra, los integrantes se dispersaban y había que empezar de nuevo para la siguiente función.

“Este camino fue arduo, lleno de obstáculos, pero también enriquecedor. La creación Difocur, impulsado por la visión de Sandra Calderón, marcó un cambio fundamental”, señaló.

“Curiosamente, el teatro y la cultura en Sinaloa no surgieron de una demanda previa ni de la existencia de un público consolidado; nació antes que los grupos y públicos, como un espacio y proyecto que buscaba formar tanto maestros como públicos y generar actividades artísticas”.

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