Con la obra ¿Duermen los peces?, arranca el 13º Festival de Monólogos

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  • ‘ES BIEN DÍFICIL ESTAR MUERTO’
  • Con la obra ¿Duermen los peces?, arranca el 13º Festival de Monólogos

IMG_6950 (Small)Con los sentimientos que provoca la partida de un ser querido a partir de las visión de una niña de diez años, personificada por la actriz Adriana Resénediz Segura, en la obra ¿Duermen los peces?, fue inaugurado el décimo tercer Festival de Monólogos con la presencia de autoridades de la Universidad Autónoma de Sinaloa, el Instituto Sinaloense de Cultura, Ayuntamiento de Culiacán y TATUAS “Un público se prepara”.

IMG_6783 (Small)Antes de la soberbia actuación de Reséndiz Segura en el papel de “Jette”, de parte del rector Juan Eulogio Guerra, la doctora Elizabeth Moreno Rojas, directora de Editorial UAS, hizo hincapié en lo magnífico que resulta tener siete días con lo mejor del teatro de este género en Culiacán y que concluirá el viernes 21 de julio; Judith Zazueta, representando al ISIC, encomió la importancia del festival para bien de la cultura; y Rodolfo Arriaga Robles, del TATUAS y fundador de este encuentro, subtitulado como “Teatro a una sola voz”, se limitó a decir gracias y prácticamente dio la tercera llamada. Cabe señalar que también estuvo Talya Sato, de parte del Instituto Municipal de Cultura Culiacán.

Fue entonces cuando “Jette” empezó a hilvanar su universo infantil en el que había globos, pero ninguno representaba fiesta, sino antes que nada representaban una promesa que le había hecho a su único hermano, “Emilio”, un niño enfermo de cáncer; pero también los globos simbolizaban la cantidad de tipos de muerte que podían caber en la imaginación de una pequeña de diez años, desde las muertes más absurdas, como morir dentro de la panza de una ballena o morir de un palazo en una piñata, hasta las más cruentas e inmerecidas, como las muertes por asesinato estilo Sinaloa, pudo haber dicho.

En el Teatro Socorro Astol, la noche del sábado 15 de julio, el nutrido público que acudió a la función no pudo menos que enternecerse con aquella “Jette” que sacó todo lo que traía dentro luego de la muerte de “Emilio”, su cómplice de juegos, su hermanito más amado, su niño de ella y de nadie más, trayendo pasajes desde sus días de enfermo y de aquella vez que vacacionaron a las orillas de un lago y en donde ella, y Emilio, construyeron una represa de pequeños peces que les mordisquearon los pies.

Quizá la escena más sentimental fue cuando “Jette” contó que un día su hermanito, ya muy enfermo, le propuso jugar al entierro, en el que él haría el papel del difunto, cosa que hicieron y juego en el que el pequeño “Emilio” concluyó que era bien difícil estar muerto, pues qué era eso de no poder hablar y de no poder respirar. Finalmente le confesó que tenía miedo de morir, pero que a lo mejor la muerte era nada más dormir, y tal vez despertarse en cualquier amanecer.

Fue cuando “Jette” le dibujó un funeral feliz, con un féretro blanco para que ella y todos los demás niños pudieran dibujar con lápices de colores, con muchos globos que soltarían a la hora del entierro, y con una placa preciosa encima de la tumba, donde resaltaría el nombre de “Emilio” con letras relucientes. Pero “Jette” nunca le aclaró que la muerte era desaparecer comido por los gusanos.

Y fue su frustración, esa y muchas, como no haber estado cuando murió, no haberse despedido de él y haber tenido un terrible funeral gris, con gente gris, con cielo gris y con desalmada lluvia que borró todo lo que habían pintado sobre el ataúd blanco. Al final de cuentas, ¿Duermen los peces? fue el universo y el sentimiento de una pequeña que nunca se había enfrentado a la muerte de un ser querido; y muy importante: un recordatorio para los adultos, en el sentido de que deberían observar más a los niños, oírlos e intentar comprenderlos en relación a la partida de personas amadas..

Bien por la actriz Adriana Reséndiz Segura; por Jens Raschke, autor de ¿Duermen los peces?, por la Compañía Teatral ReNo del Estado de México, y por Arcelia Guerrero, directora de esta puesta en escena. El décimo tercer Festival de Monólogos arrancó con el pie derecho.